La Federación Internacional del Automóvil (FIA) aprobó un conjunto de normas que, a partir de 2027, buscan separar de forma más tajante las operaciones de Fórmula 1 de otros proyectos deportivos, tecnológicos o industriales de la misma corporación. La finalidad es evitar que recursos formalmente asignados a iniciativas distintas terminen interviniendo en un coche de F1 sin que ese costo quede registrado dentro del presupuesto máximo de la categoría.

El tope de gasto vigente es de 215 millones de dólares, aunque ese valor no representa la totalidad de los gastos de un equipo, ya que quedan fuera ciertos conceptos. En ese marco, la FIA apunta a evitar traslados de trabajo hacia sectores no sujetos al límite, especialmente en grandes empresas que gestionan programas paralelos en distintas categorías.

El cambio es sensible para fabricantes con intereses deportivos fuera de la F1, como el Mundial de Resistencia (WEC), la Fórmula E y diversas divisiones tecnológicas, donde convergen conocimientos, ingenieros e infraestructura potencialmente aprovechables para distintos proyectos. Con la creciente importancia eléctrica de las unidades de potencia, la convivencia entre estas áreas se vuelve más delicada.

Aun existían mecanismos para contabilizar recursos compartidos, pero la FIA decidió endurecer los controles. Las normas para 2027 introducen una separación física y digital más severa: se crearán zonas restringidas dentro de las fábricas y habrá controles de acceso a instalaciones y sistemas informáticos. También se regulan recursos como túneles de viento, simuladores y bancos de pruebas.

La vigilancia se extenderá al movimiento del personal. Un empleado procedente de un proyecto externo que pase a la estructura de Fórmula 1 deberá completar un periodo de tres meses sin desempeñar tareas para ninguna de las dos áreas antes de incorporarse a la otra. Similarmente, existirán condiciones específicas para las transferencias en sentido contrario, con nuevos contratos y cambios en permisos informáticos. El objetivo es evitar el traslado inmediato de conocimiento entre sectores que, aunque pertenezcan a la misma organización, deben operar de manera diferenciada para efectos de la normativa.

La medida incide especialmente en fabricantes con intereses deportivos que exceden la F1. Aston Martin, Ferrari, Cadillac y Alpine cuentan con programas vinculados al WEC, mientras que otras marcas mantienen relaciones con distintas categorías y proyectos tecnológicos. En ese entramado reside una de las dificultades que la FIA quiere aclarar: delimitar con claridad dónde termina la estructura de F1 y dónde comienzan las otras actividades de la misma corporación.