La IA no funciona solo en el plano del software: su operación implica una red de infraestructura física formada por centros de datos, edificios con racks de servidores y equipos de procesamiento que requieren electricidad de forma continua. Ese consumo se transforma en calor, por lo que para evitar el sobrecalentamiento se implementan sistemas de enfriamiento que pueden usar aire, agua u otras tecnologías.

Este componente energético ha sumado preocupaciones ambientales al crecimiento de la IA, ya que implica demanda de electricidad, agua y materiales para fabricar y renovar el hardware. Un análisis publicado en Global Environmental Change Advances aborda esta tensión: la IA puede aportar soluciones ambientales, pero también puede aumentar la presión sobre recursos como energía, agua, minerales y gestión de residuos.

Con frecuencia la conversación se centra en el entrenamiento de los grandes modelos, pero el uso cotidiano, conocido como inferencia, concentra entre el 80% y el 90% del consumo energético total, según un informe de las Naciones Unidas. En términos prácticos, una consulta de texto consume menos recursos que generar una imagen, y la producción de videos exige aún más capacidad de procesamiento.

A medida que crece la cantidad de pedidos y se multiplican las aplicaciones, también aumenta la electricidad necesaria para mantener operativos los equipos y sus sistemas de enfriamiento. La ONU estima que, hacia 2030, los centros de datos podrían requerir 945 teravatios-hora de electricidad al año. Un teravatio-hora equivale a mil millones de kilovatios-hora, y esa proyección representa casi tres veces el consumo anual conjunto de Pakistán, Bangladesh y Nigeria, países con más de 650 millones de habitantes.

Cuando la energía proviene de redes dependientes de carbón, petróleo o gas, el funcionamiento se asocia a mayores emisiones de gases de efecto invernadero. Las fuentes renovables pueden reducir esa carga climática, pero no eliminan otros impactos vinculados a la infraestructura, como la ocupación del suelo y el agua necesaria para la refrigeración de los servidores o para generar parte de la electricidad que consumen.

El efecto sobre los recursos hídricos varía según la región y la tecnología empleada. El agua circula por los sistemas de enfriamiento para absorber el calor generado por los equipos y, de forma indirecta, interviene en la generación de energía. Por eso, una instalación puede comportar impactos muy distintos según la disponibilidad de agua local y las condiciones técnicas de cada lugar.