Los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial, la nube y el procesamiento en tiempo real consumen grandes volúmenes de energía y generan calor que debe disiparse para evitar fallas en equipos. Hoy, la mayor parte de ese enfriamiento depende del agua dulce. En Estados Unidos, la demanda hídrica de estas instalaciones podría multiplicarse hasta cuatro veces hacia 2028, y podría situarse entre 150.000 y 270.000 millones de litros anuales.
La presión por el uso de agua ha acelerado señalamientos regulatorios. En septiembre, el gobernador de Texas, Greg Abbott, ordenó una pausa en los permisos para nuevos centros de datos, y la fiscalía general del estado abrió una investigación sobre el consumo hídrico de las instalaciones existentes.
Frente a ese marco, un equipo de ingenieros y geocientíficos planteó una pregunta clave: ¿podría emplearse agua salada o contaminada, hoy descartada como residuo industrial, para refrigerar estas infraestructuras y disminuir la competencia por el agua potable? Los investigadores sostienen que la tecnología necesaria ya existe y que incluso las opciones más exigentes energéticamente representarían solo una fracción del consumo total de electricidad de un data center.
Estas conclusiones salen de un estudio publicado en la revista Water Research, dirigido por investigadores de la Universidad de Texas en Austin. El trabajo evaluó distintas tecnologías de desalinización —procesos para eliminar sales del agua— y analizó su viabilidad técnica, económica y ambiental para la refrigeración de centros de datos.
“No estamos esperando una tecnología futurista que resuelva por sí sola este problema”, expresó Vaibhav Bahadur, profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Escuela de Ingeniería Cockrell, en un comunicado de la universidad. “Podemos abordar partes del problema con lo que ya existe; simplemente hay un costo asociado”.
El estudio analizó dos grandes familias tecnológicas. La ósmosis inversa funciona filtrando agua a presión a través de membranas que retienen las sales disueltas: eficiente y económica, pero limitada ante líquidos con concentraciones superiores a las del océano. La compresión mecánica de vapor evapora el agua y la condensa para obtenerla limpia, lo que la habilita para fluidos hipersalinos, aunque con un consumo energético mayor.
Los investigadores evaluaron ambos métodos, junto con configuraciones híbridas, en tres tipos de agua: salobre, con unas 5.000 partes por millón (ppm) de sales disueltas; marina, con aproximadamente 35.000 ppm; y agua de producción petrolera, que supera las 50.000 ppm. En todos los casos, la meta fue obtener agua apta para uso industrial, compatible con la refrigeración de centros de datos, sin detallar aquí cada umbral específico.



