Una ruta de tierra roja conecta la ciudad de Mercedes con los Esteros del Iberá, y a lo largo del trayecto aparecen ranchos de adobe con sus corrales, campos sembrados y árboles mencionados como espinillos y curupí. El paisaje se dibuja con islas de agua y camalotes junto a la ruta, mientras carpinchos, yacarés y una variedad de aves completan el cuadro que cambia al paso del micro.

Al llegar a Colonia Pellegrini, se levanta un pueblito de unos 600 habitantes, con casas de adobe y calles de arena blanca. En la frota se ven vacas, patos, gallinas, varios perros, caballos que transitan y niños que montan en pony.

José Martín, gaucho sociable con sombrero y bombacha de campo, es guía local y propone iniciar el recorrido por el cementerio, entendido como un punto de mediación con lo divino más que un lugar de culto frecuente. “Acá la iglesia se usa poco; el cura viene una vez al mes, si no llueve”, comenta con una ironía en su voz.

El cementerio, de una hectárea, está apenas delimitado por una cerca sencilla. Las lápidas destacan por colores: rojo o azul, pues en Corrientes la muerte también abre un libro de símbolos políticos. En este mundo, la memoria conserva antiguas rivalidades: unitarios o liberales, identificados con el azul, frente a federales o autonomistas, representados por el rojo.

“Mi mamá es liberal a la correntina y siempre viste azul; si le preguntan, dirá ‘azul hasta la muerte’”, relata José sobre doña Lili. El guía ofrece una lectura del sincretismo local: una tumba puede llevar una cinta roja por motivos políticos, pero estar pintada de azul, color de la Virgen de Itatí; otra, azul por el fallecido liberal, con cinta roja por devoción al Gauchito Gil.

En la región, los gauchos añaden a su vestimenta elementos rojos o azules: pañuelo, sombrero, faja o aperos. Se dice que “la gente vota por el color del pañuelo”, una forma de marcar identidad casi como un equipo de fútbol.

La migración de los años ochenta dejó a los autonomistas en minoría, mientras los azules accedieron al poder en 1983. Aun así, la política local se volvió sincrética: rojos y azules se coaligan y gobierna una alianza rojiazul.

En el fondo del camposanto, se observan tumbas celestes de Antonio y su esposa. La de Antonio luce bien cuidada; la de la mujer, en cambio, se mantiene menos pintada. Se cuenta que alguien solicitó un encargo y obtuvo respuesta, un detalle que ilustra la convivencia entre devoción, memoria y la vida cotidiana del pueblo.