Un estudio de la consultora TresPuntoZero, dirigido por Shila Vilker, presentó un retrato complejo de los votantes que acompañaron a Javier Milei en la segunda vuelta de 2023. Más allá de reconocer avances macroeconómicos como la estabilidad del dólar, la marcha de la inflación o la acumulación de reservas, el grupo de personas encuestadas expresó una frustración creciente ante la brecha entre esos logros y la vida cotidiana. Señalaron que, con la inflación contenida, persiste una sensación de que las mejoras no llegan a su día a día y que la economía real se sigue hundiendo para muchos hogares. Este perfil, autodefinido como desencantado, también mostró una marcada apatía cívica ante un eventual regreso a las urnas si las condiciones no cambian sustancialmente.

En conjunto, el relevamiento describe un terreno electoral en disputa para 2027: un segmento que, si bien no abandona del todo el respaldo al frente, reduce su apoyo y podría influir decisivamente en el destino político del espacio de Milei. Vilker estimó que quienes ya se distanciaron integran al menos un 20% de los votantes que acompañaron al presidente en el balotaje, un porcentaje que, de consolidarse, podría definir la permanencia o la caída de La Libertad Avanza en el poder.

La respuesta del oficialismo ante estas conclusiones fue variada, con una mezcla de negación, irritación y escepticismo. En Balcarce 50, algunos dirigentes sostienen que esas lecturas forman parte de una operación coordinada entre actores de distintos sectores —empresarios, la prensa y la oposición— para sembrar un clima de derrota anticipada. En ese marco, el propio mandatario sorprendió al meter madres y ejemplos de gente común en una polémica reciente: calificó como una “pelotudez” la afirmación de que la gente no llega a fin de mes y retomó la discusión pública sobre resultados de encuestas que le resultaron incómodos.

Paralelamente, un relevamiento difundido por la firma Zentrix dio tela para cortar en la conversación pública, al generar debate sobre el nivel de ingresos de la población y la percepción general de la economía. Si bien no se detallan cifras precisas en este resumen, la difusión de ese estudio alimentó las lecturas cruzadas entre apoyo y escepticismo dentro de los sectores que sostienen al gobierno.

En definitiva, la conversación pública se mantiene partida entre un discurso que intenta mostrar resultados macroeconómicos positivos y la realidad percibida por una parte relevante de los votantes: la economía real no se traduce todavía en mejoras tangibles para muchos argentinos. Esa disyuntiva promete mantener la tensión política y electoral de cara a 2027, cuando el territorio de la continuidad o la rearranque del espacio de Milei se juega en gran medida en estas percepciones de la vida cotidiana.