La gira de Javier Milei por España volvió a poner en evidencia las diferencias internas dentro de la derecha española y generó preocupación en el Partido Popular (PP), que quiere que la llegada del mandatario argentino no desvíe la ruta de su precampaña.
La señal más clara de distancia entre líderes populares se dio en Madrid. Por un lado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, recibió a Milei con un abrazo y lo presentó como un referente político. Por otro, el candidato a la presidencia del Gobierno por el PP, Alberto Núñez Feijóo, decidió desplazarse a Sevilla para participar en un acto centrado en las propuestas de su partido sobre vivienda. No hubo encuentro entre ambos dirigentes y Feijóo no hizo referencias públicas al presidente argentino durante la jornada.
La estrategia del PP responde a una preocupación electoral: las declaraciones de Milei podrían movilizar tanto a votantes de la izquierda como a los de Vox, en un momento en que Feijóo busca centrar la campaña en gestión y evitar una escalada de confrontación política.
Según un dirigente del PP citado por El País, la visita llega en un momento oportuno: “menos mal que vino ahora y no en la recta final”, lo que, en su lectura, podría reducir el costo político de la visita de Milei frente a la votación.
Dentro de la estructura del partido, la distancia fue visible. Solo el presidente del Senado, Pedro Rollán, asistió al desayuno informativo de Milei; Feijóo optó por no participar del acto y mantuvo su agenda en Andalucía, intentando marcar una frontera respecto a una figura cuyo discurso confrontativo podría convertirse en un activo para sus aliadas ideológicas y, a la vez, en un factor de movilización para los adversarios.
El episodio se volvió particularmente delicado cuando Milei atacó a Pedro Sánchez, a quien llamó “impresentable dictador”. Esos dichos dieron al PSOE la oportunidad de reforzar su discurso contra la derecha y de asociar las propuestas de Milei con posibles recortes al Estado de bienestar.
En síntesis, la visita de Milei agitó la interna de la derecha en España y el PP busca gestionar el impacto para evitar que el paso por Madrid complique su precampaña y movilice voto en contra de sus propuestas.



