La movida de Santiago Caputo, conocido en ambientes políticos como “el Mago”, para instalar la reivindicación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas enfrenta un derrotero cada vez más complejo. Lejos de ser una simple agenda diplomática, la jugada pretende convertir nuevamente al gobierno de Javier Milei en el actor dominante del tema, desafiando la histórica postura del peronismo y buscando afianzar un perfil más nacionalista. En paralelo, Caputo aprovechó el impulso para avanzar en una disputa interna por poder y presupuesto, presentando la necesidad de constituir un Consejo de Seguridad Nacional integrado por funcionarios fieles a él y, con esa excusa, conseguir nuevos recursos para áreas bajo su control, principalmente Defensa e Inteligencia.

El proceso atraviesa varias complicaciones que requieren de otros colaboradores de Milei para enderezarlo. Se agudizó la incertidumbre económica que golpea al país y que, a su vez, ha puesto en alerta a la Administración estadounidense. A ello se sumó una tensión no esperada con Chile, país aliado, tras las diferencias con la figura de José Antonio Kast. A su vez, afloró una rivalidad interna con el sector que lidera Karina Milei, y creció la preocupación por posibles impulsos autoritarios del oficialismo hacia la oposición y la prensa. También se sembraron conflictos latentes con naciones con las que el equipo económico del Gobierno suele negociar financiamiento.

El balance provisional de esta iniciativa, en términos generales, genera inquietudes sobre la metodología —o la ausencia de ella— para tomar decisiones relevantes en política exterior. En palabras simples: el Mago llevó al Presidente por un terreno desconocido, sin un mapa claro, y ahora deben intervenir otros jerarcas para rescatarlo. Para Caputo, el costo político aparente es nulo, ya que no ocupa cargos oficiales y su rol se percibe como de asesoría.

En el plano temporal, hace dos semanas se aprobó la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, conocida como la Ley Malvinas, que requería tratamiento de máxima urgencia ante los peligros que el Gobierno sostuvo haber enfrentado. El 31 de agosto, Trump había insinuado revisar la neutralidad histórica de Estados Unidos para respaldar a la Argentina ante irritaciones por la postura británica respecto al Irán, lo que elevó la presión. En la última semana, la urgencia pareció disminuir. En paralelo, los libertarios de la Cámara de Diputados optaron por posponer el tratamiento de la normativa, según reportes de la escena política.