El jueves anterior, en la Plaza de los Dos Congresos, un joven dañó con una maza un banco para convertirlo en piedras que otros arrojaron contra los agentes. Pido no justificar la acción por problemas familiares, fallas del sistema educativo o el entorno neoliberal; lo que quedó claro al día siguiente es que los detenidos quedaron en libertad y parecían listos para volver a la acción, como suele decirse.

Mientras observaba, me pregunté si ese muchacho podría mantener un horario estable trabajando en una sucursal de comida rápida, preparando y vendiendo hamburguesas, o en una librería o en una fábrica de pastas. La pregunta tiene sentido porque, en esencia, construir y destruir son actitudes ante la vida; las habilidades, ya sean innatas o adquiridas, aparecen después.

Este principio aplica tanto a nivel individual como colectivo. Hay gobiernos que impulsan la creación y otros que destruyen o, al menos, consumen lo que dejaron las administraciones anteriores: reservas, infraestructura, credibilidad, entre otros. En ese marco, Néstor Kirchner logró elevar el PIB a tasas altas, mientras Cristina Fernández de Kirchner lo dejó estancado. ¿Podría interpretarse que el primero recibió un stock inicial que luego se gastó y que la segunda heredó solo herramientas para continuar con ese rumbo?

Si esa interpretación es válida, cabe preguntarse si es posible que un destructor se transforme en constructor. Es un desafío, pero no imposible. Un ejemplo citado es el programa Espartanos, destinado a enseñar rugby a personas privadas de libertad, cuyo resultado fue alentador: la incidencia delictiva volvió a planos mínimos.

La historia señala una asimetría marcada: se tardan años en erigir una obra, pero basta un instante para derribarla. Esta dinámica se observa tanto en la reconstrucción de infraestructuras (que demandó años tras la revolución de 1955) como en la credibilidad pública.

En ese marco, ¿a qué teme quien guarda sus ahorros bajo el colchón? No al economista Milei, sino al pasado o a la posibilidad de su retorno en las urnas de octubre de 2027. Será un condicionante que tendremos que enfrentar mientras seguimos buscando respuestas para avanzar.