Mustafa Suleyman, ex Google y actual chief executive de Microsoft AI, sostiene que la vida saludable hasta los 100 años podría dejar de ser una excepción y convertirse en una tendencia general en las próximas décadas. A su entender, la inteligencia artificial, la biotecnología y la biología sintética están en el centro de una transformación que afectará la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades.
En su libro La ola que viene: Tecnología, poder y el gran dilema del siglo XXI, plantea que la convergencia entre sistemas informáticos y ciencias de la vida puede redefinir la medicina, la alimentación, los materiales y las capacidades humanas. Para él, esta fusión no es una proyección lejana, sino una pauta que ya está tirando cambios estructurales.
Parte de una premisa central: el ADN funciona como un sistema de codificación y almacenamiento de información, desarrollado por la evolución. En las últimas décadas, el progreso científico permitió entender ese lenguaje con mayor profundidad y empezar a intervenir sobre él con mayor precisión. “Los misterios de la biología comenzaron a desvelarse, y la biología misma se convirtió en una herramienta de ingeniería”, comenta Suleyman.
Según su análisis, procesos que antes requerían extensos lapsos temporales pueden acelerarse gracias a laboratorios, modelos computacionales y técnicas de IA. En este marco, la biología e la ingeniería se verán interconectadas de maneras cada vez más estrechas, con un impacto que, en su opinión, podría equipararse al que tuvo la física cuando dio origen a inversiones como la máquina de vapor, la electricidad o el microprocesador.
Entre los ejemplos citados aparecen virus capaces de generar baterías, proteínas que purifican agua, órganos cultivados y plantas diseñadas para eliminar contaminación. También alude a proyectos orientados a controlar especies invasoras y a investigaciones que buscan recuperar rasgos de mamuts lanudos. En materia de longevidad, destaca que firmas como Altos Labs trabajan en reprogramar el epigenoma para entender si se puede revertir o ralentizar el envejecimiento.
“La vida saludable a los 100 años podría ser habitual en décadas próximas”, indicó, pero advirtió que ello abrirá debates sobre regulación, desigualdad y límites éticos ante mejoras estéticas, cognitivas y físicas. Por otra parte, la IA permite procesar volúmenes masivos de información biológica, simular secuencias moleculares y acelerar la búsqueda de tratamientos, conectando con campos como medicina personalizada, biotecnología y nanotecnología. Ya se observa un avance significativo en la comprensión de proteínas; AlphaFold, desarrollado por DeepMind, facilitó analizar estructuras proteicas a gran escala.