La inflación de agosto, en 1,7%, volvió a generar expectativas sobre la continuidad de la desaceleración de precios. El secretario de Finanzas, Federico Furiase, afirmó que en los próximos meses o durante 2027 el índice podría descender por debajo del 1% mensual, con una franja estimada entre 1% y 1,5%. Esa visión resulta más optimista que las proyecciones de mercado, que esperan una inflación de 1,6% hasta febrero del año que viene.
El dato de agosto fue considerado por el Gobierno como el más bajo en 14 meses y el menor para ese mes desde 2017. También se señaló que la reducción estuvo influida, en parte, por factores estacionales ligados a las vacaciones de invierno, lo cual ayudó a que la cifra quedara por debajo de julio (2,1%).
En este marco, Furiase indicó que la inflación dejó atrás el umbral del 2% mensual y que se mueve en una banda de entre 1,5% y 2%. Aunque mostró optimismo respecto a la trayectoria, aclaró que la expectativa aún no está reflejada en las proyecciones mensuales del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que para fines de 2026 y principios de 2027 están por encima de su horizonte.
El funcionario subrayó que la continuidad del orden fiscal y monetario es clave para la evolución de los precios. Señaló que, con una disciplina fiscal y monetaria sostenida, es cuestión de tiempo que la inflación converja hacia niveles internacionales. Su argumento implica una nueva desaceleración que podría dejar el índice por debajo del 1% en algunos meses, aunque esa meta no figura en las proyecciones actuales del REM.
Furiase también comentó un escenario externo condicionado por las tasas de interés en Estados Unidos y otros países desarrollados, además del incremento del precio del petróleo por la tensión en Medio Oriente. Aseguró que la crisis global actual y la cotización del petróleo, que supera los 108 dólares por barril, tienen efectos directos sobre la inflación.
Por otra parte, vinculó estas condiciones externas con el superávit fiscal y el superávit comercial energético que hoy presenta Argentina. Según su lectura, estos superávits permiten atravesar un contexto internacional adverso desde una posición más favorable que hace dos años, cuando el país enfrentaba déficits fiscales y energéticos. Queda en claro que, si no hubiera superávit fiscal o energético, la situación podría haber sido mucho peor.
No obstante, dentro del propio Gobierno existen discrepancias respecto a cuál será la evolución de la inflación en los próximos meses, y no hay un consenso único sobre el rumbo a seguir. Es que, en este punto, las diferencias persisten respecto a las señales que deben orientar la política económica.