La reelección, en general, se convirtió en un objetivo difícil de sostener en la región. En varios países de América Latina —Chile, Perú, Colombia, Bolivia y Uruguay— las elecciones han mostrado alternancia, y hasta Estados Unidos figura entre los casos discutidos. México y El Salvador aparecen como excepciones a esa dinámica.

En Argentina, la historia reciente marca una senda similar. La última reelección presidencial ocurrió en 2011, con Cristina Kirchner. Desde entonces, los candidatos afines al kirchnerismo no lograron repetir; Daniel Scioli cayó en 2015, Mauricio Macri perdió en 2019 tras gobernar cuatro años y Sergio Massa no logró suceder a Alberto Fernández tras su paso por Economía.

Javier Milei ya dejó claro que buscará ser reelecto. Sin embargo, la experiencia reciente de Argentina y la evolución en la región indican que no es un objetivo sencillo y, en principio, las probabilidades no le juegan a favor.

Los distintos indicadores y sondeos sobre aprobación presidencial han reforzado las dudas. La gestión Milei promedia un 35% de aprobación, cifra que no alcanza para ganar en primera vuelta, y ir a un balotaje aparece como una opción de alto riesgo. En Perú y Chile, por ejemplo, las fuerzas ganadoras se definieron por diferencias muy estrechas, por debajo del 1%.

Más allá de la continuidad en el poder, los tres últimos gobiernos argentinos enfrentaron crisis cambiarias en el tercer año. A Cristina Kirchner le tocó una devaluación en 2014 y un repunte inflacionario, a Macri un salvataje del FMI en 2018 en medio de una corrida cambiaria y a Alberto Fernández, en 2022, la salida de tres ministros de Economía en un mes (Martín Guzmán, Silvina Batakis y Sergio Massa).

Si bien aún no se observan señales de una crisis de esa magnitud en 2026, el Gobierno ha sido muy cuidadoso para evitar choques. Mantiene los agregados monetarios bajo control con dos objetivos explícitos: reducir la inflación y amortiguar presiones sobre el tipo de cambio.

El Rem (Relevamiento de Expectativas de Mercado) del Central refleja esa realidad: los analistas esperan una inflación de 1,7% en agosto y una trayectoria que se mantenga por debajo del 2% durante el resto del año. Algunas voces, como la de Fernando Marull, estiman un nuevo descenso en septiembre, hasta 1,6%, gracias a ajustes menores en alimentos (0,3% a 0,4% semanal) y a anuncios de menores incrementos en luz, gas y telefonía móvil. De sostenerse esa dinámica, 2027 podría cerrar con una inflación cercana al 20%, frente a aproximadamente un 30% estimado para 2026.

La lectura contraria del REM sugiere, sin embargo, que persisten riesgos y volatilidades que podrían modificar el panorama económico y, en consecuencia, influir en las chances electorales de Milei.