La dinámica del sector cambió de forma abrupta tras años de expansión. Mientras hace algunos años era común hallar varios proyectos en distintas etapas y hasta una lista de espera en algunos astilleros, hoy la situación es opuesta: las últimas embarcaciones están próximas a salir y no aparecen nuevas órdenes detrás de ellas. Este giro coincide con un promedio de 37 botaduras de pesqueros en los últimos siete años, una cifra que posicionó a la industria naval argentina como rival de algunas plantas españolas en ese periodo y que convirtió a la pesca en el motor principal de la reactivación de la construcción naval local. Esa etapa permitió ampliar capacidades y revitalizar instalaciones, pero ahora se acelera el freno.

La conmemoración del Día de la Industria Naval Argentina, que se celebra este sábado 12 de septiembre, ilustra el nuevo clima: tradicionalmente se festeja, pero este año las empresas optaron por no hacerlo. “Es muy difícil cuando no tenés construcciones”, apuntó a Infobae Sandra Cipolla, presidenta del Grupo SPI Astilleros y secretaria general de la ABIN.

La referencia histórica no es menor: rememora el Decreto 7.992 de 1961, cuando el entonces presidente Arturo Frondizi lanzó el Plan Esteverena para renovar unos 37 buques de ELMA y para impulsar la Marina Mercante Nacional y la industria naval. Sesenta y cinco años después, la discusión sobre cómo sostener la construcción local volvió a abrirse con la misma intensidad.

Una foto de uno de los astilleros que más creció durante ese ciclo sirve para dimensionar el cambio. El año pasado, Astillero Naval Federico Contessi tenía cinco barcos en construcción; hoy hay dos. Las últimas entregas están previstas entre noviembre y enero, y, si no llegan nuevos pedidos, la empresa quedará sin embarcaciones nuevas en cartera por primera vez desde 2017. “Estamos entregando los últimos barcos y nos quedamos sin cartera”, describió Domingo Vito Contessi, vocal titular de la FIN A y presidente de la empresa.

Contessi conoce el negocio desde el interior: el astillero es accionista del grupo pesquero Veraz, que durante los últimos años fue el principal cliente de los constructores navales. En la raíz del freno, la baja de rentabilidad de buena parte de las empresas pesqueras aparece como una de las explicaciones centrales. No se trata de una disminución de la pesca ni de una retracción de las ventas externas; al contrario, hay capturas y exportaciones altas, pero las firmas enfrentan menores márgenes y una rentabilidad más ajustada.

En este contexto, los actores del sector destacan la necesidad de manterner la capacidad productiva local y buscan vías para sostener la actividad ante un horizonte que hoy se percibe menos promisorio.