Después de un periodo de dos años con caída, el turismo internacional en Argentina muestra señales de recuperación. El año en curso parece sostenerse en una combinación de factores que modificaron la dinámica del sector, especialmente en el origen de los viajeros y en el perfil de quienes eligen el país como destino.
En julio, las llegadas de viajeros no residentes registraron un aumento del 9% frente al mismo mes de 2025, siendo Brasil el principal emisor. En los primeros siete meses del año, el crecimiento acumulado fue del 8%, lo que dejó un total de 3,4 millones de turistas extranjeros ingresando al país en ese periodo.
La relación entre turismo emisor y receptor indica que, por cada visitante internacional que llega a Argentina, 2,1 argentinos viajan al exterior. Este cociente es similar al observado en 2018, aunque está bastante por debajo del máximo de 2,6 registrado en 2025.
Según datos oficiales, la Argentina registró una afluencia récord de turistas procedentes de países no limítrofes durante el primer semestre de 2026, con 1.434.001 visitantes. Esa cifra representa el mejor desempeño en 25 años y supera el rezago de 2019.
Entre las posibles explicaciones, el investigador del Ieral Marcos Cohen Arazi apuntó a mejoras en la conectividad, una simplificación de aspectos cambiarios y avances en materia de seguridad.
Por su parte, Gabriela Ferucci, presidenta de la Asociación de Hoteles de Turismo (AHT), destacó el aumento de viajes de larga distancia, impulsado por la oferta de asientos desde el exterior hacia la Argentina y por la devaluación del real, que favorece la demanda brasileña.
Paula Cristi, gerente general de Despegar, indicó que el crecimiento responde a la convergencia de varios factores. Entre ellos, la mayor conectividad aérea internacional, con nuevas rutas, más aerolíneas y mayor frecuencia, que ampliaron las opciones para viajar desde Europa, Estados Unidos y otros mercados de larga distancia. Añadió que Argentina "posee atributos muy valorados a nivel global", como diversidad de paisajes, gastronomía, enoturismo, propuestas de naturaleza y aventura, y la posibilidad de combinar distintas regiones.
Las voces del sector señalan que el perfil del turista evolucionó: ya no se trata principalmente de visitantes regionales atraídos por la ventaja del tipo de cambio, sino de personas de Europa, Estados Unidos y Asia, con mayor poder adquisitivo, menos sensibles a las variaciones del dólar y con estancias más prolongadas.
Cohen Arazi coincidió en que un tipo de cambio relativamente bajo reduce las ventajas de precio, lo que se refleja especialmente en la caída de los viajes por tierra (-4%). En contraste, el ingreso por vía aérea mostró un incremento del 19% interanual en los primeros siete meses.
Pese al aumento en el flujo de extranjeros, el informe citado no amplía más datos en este tramo.