A menos de un año de los comicios del 24 de octubre de 2027, la discusión sobre el futuro de las primarias se convirtió en un tira y afloje agotador entre la Casa Rosada y los gobernadores. Desde el oficialismo se insiste en avanzar hacia la eliminación de las PASO y, recién después, abrir la discusión sobre reparto de distritos, candidaturas y lugares en las boletas. En cambio, las liderazgos provinciales exigen certezas antes de ir a votación en el Congreso, recordando que estas decisiones requieren mayorías absolutas (37 senadores y 129 diputados), lo que los coloca en una posición clave.
Un grupo de gobernadores plantea dudas sobre la posibilidad de protegerse de una competencia interna con el bloque violeta y, a la vez, garantizar sus reelegidos sin comprometer un eventual acuerdo nacional. Por otro lado, hay preocupación sobre que, si se les brinda mayor poder hoy, luego podrían impulsar una opción presidencial opositora. La dinámica de la rosca, en este marco, contempla una confianza que nadie quiere demostrar en exceso, especialmente entre Milei y los mandatarios provinciales.
En el escenario político actual, la eliminación definitiva de las internas se presenta como una solución casi imposible. Por eso, desde hace tiempo se contempla una salida intermedia: suspender las PASO, como ocurrió en las últimas elecciones legislativas. Diego Santilli, considerado optimista por su entorno, sostiene que todavía es posible acumular los votos necesarios para evitar ir a urnas el 8 de agosto del año que viene, aunque los cálculos ya no son tan optimistas como hace unas semanas. A finales de julio, fuentes cercanas a la administración libertaria reducían la estimación de “83%” a aproximadamente un 50/50, admitiendo que el panorama cambió y que la negociación se volvió más incierta.
¿Qué pasó en el medio? No cambiaron tanto las ganas, sino los incentivos. La reforma, presentada el 22 de abril, quedó atravesada por la disputa por alianzas a nivel nacional, transformándose en una especie de moneda de cambio. Y en ese juego de sospechas mutuas emergió una tercera vía: mantener las PASO visibles, pero quitarles la obligatoriedad. Es decir, conservar las primarias abiertas y simultáneas sin exigir la participación obligatoria. En el entorno del gabinete, esto se menciona como una salida viable que podría evitar, al menos temporalmente, un choque definitivo sobre el calendario electoral y las candidaturas.