La movilidad eléctrica abarca más que los autos 100% eléctricos: cualquier vehículo que utilice motor eléctrico, de forma exclusiva o en combinación con un motor de combustión, busca reducir las emisiones del parque automotor.

Actualmente, en Argentina, la distribución de los vehículos electrificados es la siguiente: 55% corresponden a híbridos convencionales, 21% a híbridos enchufables, 15% a microhíbridos y 9% a vehículos eléctricos puros.

Los híbridos tradicionales, también conocidos como HEV o autorecargables, se destacan por su facilidad de uso: no requieren conexión a la red. Sus baterías son pequeñas, entre 0,9 y 1,8 kWh, y la propulsión eléctrica en condiciones de tránsito urbano es mínima, alcanzando unos 3.000 metros de desplazamiento con uso exclusivo de energía eléctrica. Entre los modelos más populares de esta categoría se encuentran la Ford Territory híbrida, los Toyota Yaris Cross, Corolla y Corolla Cross, el Baic BJ30, Haval Jolión y H6, MG 3 y MG ZS, y Chery Tiggo 4.

Por otro lado, los híbridos enchufables (PHEV) cuentan con baterías de alrededor de 18 kWh en la mayoría de los casos, con variantes de 28 kWh o 39 kWh. En este tipo de vehículos, la autonomía eléctrica depende directamente de la capacidad de la batería, con rangos que van desde 60 hasta 200 km. El motor de combustión funciona como apoyo y la propulsión eléctrica tiene prioridad cuando se pisa el acelerador.

A mayor tamaño de la batería, mayor es el precio del coche, ya que el pack resulta el componente más costoso. En los PHEV, la tecnología de las celdas también influye: las de tipo MCN (Manganeso, Cobalto y Niquel) entregan mayor capacidad y rendimiento, pero a precio más alto; frente a ellas, las celdas LFP (fosfato de litio y hierro) son más económicas y, sin embargo, almacenan aproximadamente un 20% menos de energía.

Entre los modelos destacados de esta oferta se cuentan BYD Atto2 y Song Pro, Chevrolet Captiva, Changan CS55 Plus, Chery Arrizo 8 y Tiggo 7 CSH, y Jetour T1, entre otros.