El fundador de Microsoft sostuvo en un artículo en su blog que la inteligencia artificial tiene el potencial de mejorar la producción de alimentos y acelerar la erradicación de enfermedades, pero advirtió que esos resultados dependen de evitar que la tecnología agrave la brecha social o desplace trabajadores sin compensaciones concretas.
El planteamiento que propone combina la expectativa de un avance científico acelerado con la exigencia de que gobiernos, empresas y organizaciones filantrópicas definan ya quién podrá acceder a estas capacidades.
Para Gates, la discusión debe dejar atrás la dicotomía entre entusiasmo y temor. Reconoce que existen riesgos, pero sostiene que la aceptación pública vendrá si la IA logra resolver problemas cotidianos antes de que sus efectos sobre el empleo se vuelvan la experiencia dominante para millones de personas.
Al abordar posibles usos en investigación, salud, agricultura, educación y servicios estatales, afirmó que “necesitamos ambas cosas”: una vigilancia seria sobre los daños que la IA debe minimizar y un optimismo fundamentado sobre los beneficios si se maximizan para todos.
Identificó a la agricultura como el segundo sector, después de la salud, con mayor potencial de transformaciones rápidas en países de bajos ingresos, donde los productores carecen a menudo de pronósticos meteorológicos fiables y de asesoramiento sobre semillas, enfermedades de cultivos y ganado o manejo de suelos. Ante el crecimiento demográfico y el cambio climático, sostuvo que estas herramientas pueden alterar el acceso al conocimiento técnico: gracias a la IA, los agricultores de menores ingresos podrán obtener asesoramiento de mayor calidad y, en consecuencia, incrementar sustancialmente su producción, incluso superando lo que hoy obtienen los agricultores más ricos.
En el ámbito sanitario, describió escenarios como hospitales pequeños en Estados Unidos que no siempre cuentan con especialistas para evaluar emergencias. Mencionó Viz.ai, una plataforma que analiza estudios de diagnóstico para identificar ictus y otros cuadros urgentes, utilizada en casi 2.000 hospitales del país. También señaló que la IA puede asistir a médicos de atención primaria en diagnósticos, seguimiento de pacientes fuera de la clínica y explicación de resultados de pruebas o esquemas de medicación, extendiendo ese apoyo a la salud mental ante la escasez de consejeros, psiquiatras y especialistas en adicciones.
Sin embargo, Gates aclaró que la promesa tecnológica no se cumplirá por sí sola ni llegará de inmediato a quienes más la necesitan. Para guiar la adopción, sostuvo que debe primar el objetivo de beneficiar a todos y no solo a un segmento de la población adinerado. Vinculó la legitimidad social de la IA con el ritmo y la equidad con que sus efectos lleguen a la gente; en esa línea, subrayó la importancia de definir de antemano quién accede a estas capacidades y cómo se distribuirán sus beneficios.