El histórico preparador físico Fernando Signorini difundió imágenes inéditas de Diego Armando Maradona, capturadas durante una escala en Nápoles en noviembre de 1989, cuando el Diez visitó la ciudad por invitación de la OTAN.
La escena tuvo lugar a bordo del acorazado USS Iowa (BB-61), durante una recepción en la que el astro argentino estuvo acompañado por Signorini. En su publicación de Instagram, el propio Signorini explicó que la pelota parecía seguir a Maradona “a todas partes” y relató que, cuando le acercaron un balón, el delantero volvió a hacer la rutina que lo caracterizaba desde su juventud en Argentinos Juniors: hacerse jueguitos. El material compartido consta de tres imágenes de aquel momento.
También formó parte del recorrido Angelo Rossi, periodista de Il Mattino, invitado por Maradona; su presencia permitió aportar un color local a la crónica de la visita, que se enmarcó en un protocolo de alta formalidad propio de una comitiva recibida a bordo con honores.
Signorini describió la experiencia como una recepción “digna de un jefe de Estado” y señaló que, pese a la solemnidad del momento, apareció de inmediato una pelota y Maradona no dudó en exhibir su talento, manteniendo el control en medio de la tripulación y el equipo bélico. Este relato, junto con las tres fotografías, da cuenta de la fascinación que el momento causó entre quienes acompañaron a Maradona en esa ruta.
El USS Iowa, identificado como BB-61, fue el único buque de su clase que operó en el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial y es considerado el último buque insignia de una serie de acorazados de Estados Unidos, una consigna derivada de la cancelación de la Montana-class. Construido como líder de su clase, es el cuarto buque de la Armada de EE. UU. en llevar el nombre Iowa.
Más allá de la anécdota, Signorini ha sido mucho más que un preparador físico para Maradona: se convirtió en una de sus personas de mayor confianza y lo acompañó en momentos decisivos de su carrera. Se conocieron en Barcelona, en 1983, cuando Signorini llegó para acercarse al fútbol europeo; tras la grave lesión provocada por Goikoetxea, comenzó a ayudarlo con la recuperación y, poco después, Diego le propuso ser su preparador físico personal, una figura innovadora para la época en el fútbol. El Profe, con 75 años, siguió junto a Pelusa durante su etapa en Napoli y en los Mundiales de México 1986, Italia 1990 y Estados Unidos 1994, combinando entrenamiento, cercanía y motivación para sostener el rendimiento en los momentos clave de su carrera.