Durante 2026, la economía argentina encontró sostén en el precio internacional de sus principales ventas al exterior. El conflicto en el Golfo Pérsico impulsó el petróleo por encima de 100 dólares el barril, siete meses después de iniciado el conflicto. La soja también registró subas, con incrementos superiores al 20% y cotizaciones cercanas a 480 USD por tonelada.

Como resultado, los términos de intercambio alcanzaron un récord histórico. Se espera que las exportaciones superen los 100.000 millones de dólares este año y que la balanza comercial registre un superávit de unos 28.000 millones de dólares, cifra sin precedentes.

Este impulso facilitó fuertes compras de divisas por parte del Banco Central. La entidad acumula compras por 14.200 millones de dólares, aunque en septiembre el ritmo se moderó. La oferta de dólares permitió abastecer a importadores, ahorristas y firmas que reparten dividendos al exterior, a la vez que fortaleció el balance del organismo.

La mayor rentabilidad de energía y minería fue clave para que Argentina pase de ser, hace tres años, netamente importador a un exportador neto con peso creciente de esas actividades. Se estima que el complejo de energía y minería podría generar un superávit cercano a los 30.000 millones de dólares, a la par con el sector agropecuario.

Este fuerte flujo de divisas, junto con la solidez del Central, contribuyó a que el riesgo país cayera a 400 puntos básicos hacia fines de julio. En ese contexto, empresas, bancos y provincias aprovecharon para colocar deuda en el exterior, sumando unos 22.000 millones de dólares a lo largo de 2026.

Pero el mismo entorno externo que favoreció a la Argentina también genera retos. El alza del petróleo por encima de los 100 dólares alimentó la inflación en Estados Unidos, que se mantenía alrededor de 3,5% anual. La Reserva Federal subió sus tasas por primera vez en tres años, empujando el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años a 5% anual, un nivel que no se veía hace tiempo.

Ese incremento de rendimientos golpeó a activos de riesgo y afectó a los mercados emergentes. En el caso argentino, los bonos pasaron a cotizar a menor precio tras haber tocado picos a mediados de julio. Si Argentina buscara financiamiento externo en los mercados internacionales, podría enfrentarse a una tasa superior al 10% anual, al sumar la tasa vigente en EE.UU. y las condiciones de crédito local.