Cerró una semana signada por datos que llegan con gusto y desconfianza a la vez. La inflación de agosto se ubicó en 1,7%, un dato que el Gobierno toma como respaldo para sostener que el plan económico avanza en la dirección prevista. Pero casi simultáneamente, la industria manufacturera y la construcción exhibieron bajas que encendieron alertas sobre la marcha de la economía y el empleo.
En lo político, el oficialismo atravesó una sesión de Diputados compleja sin ceder en puntos clave de su marco fiscal, mientras la oposición mostró satisfacción por haber obligado a convivir al Gobierno con temáticas como morosidad y discapacidad dentro de su agenda. En conjunto, buenas y malas noticias. Señales mixtas, que Milei deberá traducir en una narrativa capaz de sostener la convicción de que el cambio avanza, aun cuando resten alinearse otros indicadores.
En el terreno interno del oficialismo predomina una lectura optimista sobre el presente y, sobre todo, el futuro. La baja inflacionaria se erige como el argumento central: aún no venció esa batalla, pero el mandatario logró demostrar que podría ganarla. Para su base electoral, este logro se transforma en una prueba de que varias promesas audaces del programa pueden volcarse en resultados.
La Casa Rosada estima que, si el rumbo se mantiene, la estabilización terminará cruzándose con salarios, inversión, actividad y empleo. No parece haber un debate intenso dentro del oficialismo sobre el equilibrio fiscal ni sobre la orientación general del programa; sin embargo, sí empiezan a oírse, en sectores marginales, dudas respecto de la velocidad con la que deben materializarse los beneficios.
Las diferencias no están en la meta, sino en el tempo. Los datos de la actividad de la semana alimentaron esas preocupaciones: la producción industrial manufacturera cayó 4,9% interanual y 5% frente al mes anterior; la construcción, por su parte, bajó 4,5% respecto al año pasado y 4,6% en la comparación desestacionalizada mensual. Dos sectores con peso en el empleo, proveedores y pymes.
Frente a este cuadro, la inflación de agosto aparece como un impulso para sostener el relato, pero la economía continúa cerrando un mosaico contradictorio que exige convertir los resultados favorables en una tendencia antes de que los impactos negativos se fundan en una narrativa de agotamiento.
Fernando Marull, economista cercano al círculo rojo, aporta un componente que vincula economía y política: según su estimación, los salarios privados habrían caído alrededor de 5% entre agosto de 2025 y marzo de este año, aunque advierte que existen matices y que el cuadro podría evolucionar con futuras medidas.