La edición 2026 de la encuesta anual sobre el estado de la inteligencia artificial en las empresas, elaborada por QuantumBlack, la unidad de IA de McKinsey, reunió 1.719 respuestas de 97 países, recogidas entre el 4 de mayo y el 8 de junio.

Lo novedoso no está en cuántas organizaciones ya adoptan IA ni en cuánto ganan con ella: el 32% afirmó haber decidido no adquirir al menos un producto o función de software porque pudieron desarrollarlo por su cuenta con agentes de programación, herramientas de IA que generan y prueban código autónomamente a partir de una instrucción.

Existe una creencia general de que el mayor desafío de la IA en las empresas es la adopción. Aunque la opinión dominante sostiene eso, la encuesta muestra que ese paso ya está prácticamente superado: el 89% de las compañías usa IA de forma regular en al menos una función, y el 44% está escalandola a toda la organización, frente al 38% registrado en 2025.

Sin embargo, el impacto económico aún no avanza al mismo ritmo. El 37% atribuye algún efecto en su resultado operativo, cifra estable respecto del año anterior. Apenas el 6% entra en la categoría de “alto rendimiento”, definida por McKinsey como aquellas firmas que atribuyen al menos un 5% de su resultado a la IA y describen ese impacto como significativo; ese porcentaje se mantiene sin cambios.

El efecto visible de la IA en las cuentas no se ve entre quienes la utilizan, sino entre quienes venden software.

Cerca de dos de cada diez encuestados sostienen que su organización ya escaló el uso de agentes de programación, y ese porcentaje asciende a 31% en compañías con ingresos superiores a 1.000 millones de dólares.

La decisión de dejar de comprar software se concentra en sectores como tecnología (41%), salud (39%), servicios profesionales y energía (38% cada uno) y entidades financieras (36%). En contraste, seguros (19%) y sector público (17%) quedan fuera de ese fenómeno. Entre las empresas de alto rendimiento, casi la mitad dejó de comprar al menos un producto, frente al 31% del resto.

Lieven Van der Veken, socio sénior de McKinsey y coautor del informe, describe el cambio de tono: antes muchos líderes asumían que la IA superaba la capacidad de sus equipos y que lo correcto era buscar un socio externo; ahora preguntan qué necesitan para construir las herramientas internamente.

El propio Van der Veken aclara que no se trata de fabricar todo en casa, sino de negociar con los proveedores desde una posición de agencia.

Se aclara que es una encuesta, no una auditoría: mide lo que los encuestados dicen haber decidido, no cuántas licencias dejaron de facturarse. Aun así, la dinámica está clara: el salto clave parece haberlo dado el proveedor de software, que empieza a sentir el golpe antes que las propias empresas usuarias. El dato más revelador es que el empleado que podría ser reemplazado sigue presente; solo el 14% indica que la IA redujo su plantilla en el último año, menos de la mitad de lo que se anticipaba en 2025.