En una entrevista con Infobae en Vivo, el economista Iván Ordóñez comparó el desarrollo agroindustrial de Brasil con la dinámica de la Argentina y vinculó la diferencia a la continuidad de las políticas sobre las exportaciones. Afirmó que, en un periodo de 25 años, Brasil habría acumulado 37 ciclos de campaña agrícola y cosecha, frente a un menor ritmo en Argentina, lo que señala como clave del impulso productivo brasileño.
Para Ordóñez, la principal explicación es el entorno que enfrentaron los productores de cada país. Señaló que, a diferencia de la Argentina, Brasil no aplicó retenciones a la exportación, prohibiciones de salida de productos ni cepos cambiarios para los productores. En una serie de 23 años, indicó, la facturación por hectárea del agricultor brasileño duplicó la argentina.
Esa brecha de ingresos por hectárea se tradujo, según el economista, en una diferencia acumulada de 1.550 millones de toneladas de producción, lo que, en su lectura, frena el crecimiento de la economía argentina. “El desafío de la Argentina es crecer”, sostuvo, y afirmó que un aumento sostenido del producto por habitante podría aliviar restricciones presupuestarias y reducir la pobreza.
Ordóñez situó el dinamismo en el marco de la expansión territorial de Brasil hacia el oeste. Recordó que, hacia 1920, casi el 80% de la población vivía a menos de 100 kilómetros de la costa y señaló que la agroindustria fue un motor para poblar el interior del país.
La ganadería avanzó en el Cerrado desde los años 80 y, luego, la agricultura se fortaleció durante el ciclo de precios altos de las materias primas. “Se desplazan las vacas y entra la siembra”, sintetizó, aclarando que parte del rodeo pasó a sistemas de encierre.
Ese proceso tuvo efectos demográficos y urbanísticos: la migración se produjo durante tres décadas, con unos 5,3 millones de personas moviéndose desde el área metropolitana de São Paulo hacia áreas rurales y ciudades del centro-oeste. A la vez, se creó una red de aproximadamente 700 ciudades en la región.
Como ejemplo, mencionó Goiânia, que en los años 80 tenía menos de 500.000 habitantes y hoy supera los 2,8 millones. Según sus cifras, el producto interno bruto por habitante de las áreas agropecuarias brasileñas se ubica cerca de un 11% por encima del de São Paulo y Río de Janeiro.
El crecimiento no estuvo limitado al interior de los predios: “lo que pasa fuera del lote es mucho más importante que lo que pasa adentro del lote”, afirmó, al aludir a la expansión de bancos, comercios, servicios médicos y universidades en las zonas que se desarrollaron junto al agro.
En ese marco, destacó que en el centro-oeste brasileño los graduados anuales en carreras vinculadas al agro pasaron de 300 en 1995 a 6.000 en la actualidad, dato que, en su lectura, demuestra que el sistema productivo demanda perfiles técnicos y profesionales.
La lectura final de Ordóñez es que el proceso brasileño evidenció que un marco institucional estable para la producción agroindustrial facilita un desarrollo regional intenso y continúa vigente mientras persisten políticas consistentes para las exportaciones.