El debate sobre el estado del consumo en la Argentina no es nuevo. Mientras desde el Gobierno se insiste en señales de recuperación, mediciones privadas elaboradas por cámaras empresarias, universidades y consultoras señalan un freno persistente. En ese marco, los hogares viven la dinámica cotidiana desde la góndola y las vidrieras, y la consolidación de la economía se verifica a través de los números oficiales, que llegan con una metodología propia.

El último informe de avance del nivel de actividad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) corresponde al segundo trimestre de 2026. Según la entidad, el consumo privado registró una caída de 2,4% en la lectura desestacionalizada respecto del primer trimestre del año. En la misma línea, el Producto Bruto Interno indicó una contracción del 0,6% en esa comparación trimestral.

En la comparación interanual, sin embargo, el consumo privado mostró un comportamiento distinto: avanzó 0,4% frente al mismo trimestre de 2025. Esa divergencia entre la lectura frente al trimestre inmediato anterior y la respecto del mismo periodo del año anterior alimenta lecturas distintas sobre la magnitud de la desaceleración.

El dato del Indec, si bien relevante por ser la medición oficial y global de la economía, no ofrece una foto unívoca de lo real. Es la única medición integral que utiliza la metodología de cuentas nacionales que aplica el Estado para calcular el PBI. A raíz de esa complejidad, el Gobierno ya había basado una parte de su discurso en la evolución del consumo a partir de la cifra del primer trimestre, también publicada por el Indec. En junio, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que el consumo privado y el PBI alcanzaron “máximos históricos” en la serie desestacionalizada y valoró ocho trimestres consecutivos de crecimiento, con doce de los dieciséis sectores en alza.

En el informe de avance más reciente, que actualizó los datos del primer trimestre, el Indec señaló que la suba del PBI fue del 2,4% interanual y la del consumo privado, del 3,1%. Aun así, economistas advirtieron sobre la magnitud real del fenómeno. Fausto Spotorno, por ejemplo, sostuvo que la medición del consumo privado en Argentina funciona más como una diferencia contable que como una variación de cantidades consumidas; subidas de tarifas y del precio de las prepagas, por encima de la inflación general, pueden inflar el valor medido del consumo sin implicar un incremento real en las adquisiciones de los hogares. Estos matices enriquecen la interpretación de la trayectoria de consumo y su impacto en la política económica.