Se avecina otro Superclásico y la previa en Núñez está marcada por la expectativa y la tensión habitual, acentuadas por la crítica a los últimos arbitrajes. Para River, el choque del domingo tiene un doble peso: Boca pelea el título en la Tabla Anual y los de Ponzio buscan clasificar a la próxima Libertadores; un triunfo podría dejar fuera de la lucha al rival en la Liga Profesional.

Fortalezas primero. El equipo de River exhibe un alto nivel de jerarquía individual, con cinco campeones del mundo en su plantel. En defensa, Nicolás Otamendi asoma como líder; por los costados, Gonzalo Montiel y Marcos Acuña muestran recorrido e influencia, aunque el tema de la disponibilidad de Acuña está ligado a Francisco Ortega; Montiel aporta mucho al ataque y se asocia con regularidad al frente. En ataque, Thiago Almada es un jugador con capacidad para desequilibrar y generar juego, mientras Ángel Correa se destaca por su calidad para armar juego, regatear, asistir y convertir. En el arco, el equipo cuenta con un guardameta joven, de gran proyección y con rendimiento que ha variado, pero con atajadas de peso cuando corresponde.

En segundo término, River pulsa con goles desde que Ponzio asumió la dirección técnica. Aunque varios atacantes (Sebastián Driussi, Lucas Beltrán y Rafael Borré) atraviesan un bajón, en ocho partidos dirigidos por el santafesino el equipo convirtió 15 veces, promediando cerca de dos goles por encuentro; además, pudieron ser más debido a tres goles anulados por VAR en enfrentamientos frente a Sarmiento, Belgrano y Racing.

En tercer lugar, la consistencia de resultados se reforzó cuando el plantel quedó completo. Bajo el mando de Ponzio, River sumó 19 de 24 puntos posibles: ganó seis juegos, empató uno y sufrió una derrota.

No obstante, el club encara una etapa de crecimiento con signos de fragilidad. En defensa, las situaciones de balón aéreo y centros siguen siendo un dolor de cabeza, pese a que en los últimos dos encuentros no recibió goles. Frente a Racing, esa vulnerabilidad se atenuó gracias a la solidez de Otamendi y de Lautaro Rivero, quien ocupó la plaza de Lucas Martínez Quarta durante la ausencia por sanción. El retorno del Chino, cuyo rendimiento es irregular, aporta alternativas pero no resuelve el tema de fondo.

La columna vertebral todavía no está plenamente afianzada: no logra afianzarse un volante central estable. Fausto Vera no terminó de convencer y está lesionado. Aníbal Moreno regresó, pero al segundo encuentro se resintió y quedó en duda. Si no llega la pieza que falta, se evaluarán alternativas para cubrir ese rol, y ahí se abriría la incógnita sobre el esquema para el siguiente tramo.