En una columna publicada por Página/12, el autor plantea la sensación de desorientación y fragilidad que atraviesa la sociedad argentina. Se pregunta cuántos “difuntos” hay en el país, no en los cementerios, sino en las casas, y sostiene que lo que nos hizo humanos fue la compasión, mientras hoy parece imponerse una visión del ser humano reducido a carne y fuerzas mecánicas. El texto describe días marcados por miedo y sufrimiento, y menciona la existencia de un teléfono para suicidas que, según la crónica, podría ser objeto de cobro. En ese marco, se subraya que las necesidades básicas persisten: tres comidas diarias, vestimenta, higiene y, en lo posible, cultura; además de salarios dignos, pensiones actualizadas, vivienda, salud, educación y un horizonte estable para las futuras generaciones. Se señala a las clases medias, a los pobres, a los adultos mayores y a los jóvenes como actores que esperan un país que parece no llegar, que se diluye y queda a la intemperie, incluso bajo la lluvia.
Como contraste, el artículo sitúa a Brasil como un vecino que llega con una articulación distinta. Menciona a Lula da Silva y destaca que perdió un dedo en su trabajo entre obreros y lo habría recuperado recientemente, en medio de desposeídos, médicos, universitarios y docentes. El gesto se presenta como un símbolo de identidad obrera, que ilumina un camino frente al vacío.
El texto también aborda la percepción de manipulaciones y cambios en la realidad: afirma que le han “hackeado” la cabeza, más que su ordenador. En esa secuencia, se mencionan varias figuras públicas: Flavio Bolsonaro habría viajado a Estados Unidos; Trump no saluda a Lula; Luis Caputo habría sufrido una descompensación por deuda —según versiones, por mal de altura— y Wanda Nara no tiene presencia destacada en la agenda mediática. Estas referencias se muestran como ejemplos de un panorama donde la información y la desinformación coexisten, alimentando la incertidumbre.
En otro tramo, la columna describe un episodio reciente: Stefano Cozza Di Carlo, presidente de River Plate, se reunió con Christopher Landau, funcionario estadounidense que, según la nota, ocupa un rol similar al de vicesecretario de Estado y quedaría detrás de Marco Rubio en la jerarquía. Aunque no hay constancia oficial de los temas tratados, circulan versiones que mencionan fútbol, política y dinero. El texto advierte que no sería habitual que River tenga intenciones de promover la OTAN o invadir un país, pero sugiere la posibilidad de tensiones internas o de reacomodos de intereses con consecuencias imprevisibles.



