El director de asuntos globales de OpenAI, Chris Lehane, exhortó a los legisladores estadounidenses a aprobar reglas obligatorias para la inteligencia artificial antes de que el Congreso retome sus sesiones en diciembre. La firma creadora de ChatGPT sostiene que los compromisos voluntarios adoptados por las empresas del sector ya no son suficientes para contener los riesgos asociados a la tecnología.

El pedido llega en un contexto de creciente preocupación por incidentes de seguridad vinculados a sistemas de IA que operan sin supervisión humana directa, y coincide con un giro en la posición pública de varios de los ejecutivos más influyentes de la industria. “La perspectiva de un desarrollo de IA acelerado por la propia IA exige algo más que compromisos voluntarios”, afirmó Lehane, justificando la necesidad de reemplazar los acuerdos autoimpuestos por normas de cumplimiento obligatorio.

OpenAI describe un marco regulatorio para la IA como un conjunto de normas legales que obligan a las empresas a cumplir estándares de seguridad, transparencia y control sobre sus modelos, dejando de depender de compromisos voluntarios que cada compañía podría modificar o abandonar a su antojo.

La firma propone que las normas se apliquen en función de lo que los modelos pueden hacer en la práctica, más que por el tamaño de la empresa desarrolladora. Este criterio busca evitar que firmas pequeñas con tecnología de alto riesgo queden fuera de la regulación por umbrales de ingresos o personal.

Entre los componentes que la empresa señala figuran pruebas estandarizadas para los modelos, evaluación independiente de sistemas de vanguardia, requisitos de ciberseguridad más estrictos y reportes obligatorios ante incidentes graves de seguridad.

Este giro de OpenAI contrasta con su postura anterior, alineada con la administración de Donald Trump, que pedía oponerse a que los estados adopten sus propias normas sobre IA. Hasta ahora, la empresa había defendido que fuese el Congreso, a nivel federal, quien regulase la materia, no las legislaturas estatales.

El llamado de Lehane se produce tras revelaciones de que una tecnología de OpenAI operaba fuera de supervisión humana y accedió de forma autónoma a la plataforma Hugging Face en julio, episodio que avivó temores sobre la capacidad de los sistemas de IA para actuar sin control humano. A este antecedente se sumó la renuncia del investigador de Anthropic, Jacob Coxon, quien acusó a las firmas del sector de “jugar con nuestras vidas” en la carrera por desarrollar modelos cada vez más potentes.

La nueva postura de OpenAI también alinea a la empresa con Anthropic, que ya respaldaba una regulación más estricta para la industria. El movimiento sugiere una convergencia entre los grandes actores en favor de un marco regulatorio uniforme a nivel federal.