En la reciente presentación de sus modelos de gama alta, Apple confirmó la llegada de un diafragma físico y variable para la cámara principal, una característica que el analista Ming-Chi Kuo había adelantado en diciembre de 2024. Con esto, los iPhone 18 Pro y Pro Max se posicionan como los primeros teléfonos de la firma en incorporar esta tecnología.
El sistema se compone de seis láminas cortadas por láser, fabricadas con un material polimérico y con un grosor inferior al de un cabello humano. Este ensamblaje va junto al sensor principal de 48 megapíxeles que equipan los modelos Pro y Pro Max de esta generación.
La función del diafragma es regular cuánta luz llega al sensor y, a la vez, definir la profundidad de campo de la imagen. Su apertura se expresa mediante números f: por ejemplo, una apertura de f/1.8 deja pasar más luz que una de f/4, y, en términos generales, cuanto más alto es el valor f, menos luz ingresa al sistema. A diferencia de la mayoría de cámaras de teléfonos, que trabajan con una apertura fija, este sistema variable representa una excepción en la industria.
Durante la presentación, la firma aclaró que el ajuste se realiza de forma automática, sin intervención manual del usuario, adaptándose a las condiciones de disparo. Este aspecto automático genera cuestionamientos sobre cuánto control creativo real tendrá el usuario en la práctica.
Entre los beneficios previstos, se destaca que una apertura mayor (menor valor f) facilita la captura de luz en entornos oscuros, lo que podría traducirse en menos ruido y mejor exposición en la fotografía nocturna. Además, un mayor control de la entrada de luz puede mejorar el desenfoque de fondo en retratos.
Aún no hay datos precisos sobre el rango exacto de aperturas disponibles en estos modelos, un dato determinante para entender la utilidad práctica de la función.