En abril de 2024, el presidente Javier Milei dio la orden para reemprender el camino hacia la Membership de la OTAN, buscando ingresar como miembro pleno. Esta sería la segunda intentona oficial; la anterior ocurrió en 1999, cuando, cerca del cierre de la administración de Carlos Menem, Argentina pidió la membresía plena y fue rechazada.
La OTAN ha aclarado en su normativa que, conforme al artículo 10 de su carta fundacional, la adhesión está destinada a Estados europeos, lo que deja fuera a países de otros continentes. Por ello, hace dos años la gestión argentina optó por una vía distinta: solicitar convertirse en un “socio global” de la organización. Este estatus, permitido por la maquinaria de la OTAN, hasta ahora sólo está en manos de Colombia dentro de América Latina.
La alianza militar es un sistema de defensa colectiva que agrupa a naciones occidentales y que, en la práctica, representa los intereses de potencias como Estados Unidos. Con 31 miembros actuales, la OTAN concentra una parte significativa del gasto militar mundial, alrededor del 53%. Su pilar central es la cláusula de defensa mutua: un ataque contra un integrante pleno se considera ataque contra todos, lo que calibra la cautela para la incorporación de nuevos socios. La discusión sobre Ucrania y su posible adhesión fue uno de los factores que han marcado el debate estratégico en años recientes.
En 2024, el entonces ministro de Defensa, Luis Petri, visitó el cuartel general de la OTAN en Bruselas y dialogó con Mircea Geoană, secretario general adjunto, para entregar la carta de intención que inicia formalmente el proceso de adhesión de Argentina. A partir de ese marco, el Gobierno lanzó un programa de modernización de las Fuerzas Armadas: renovación de equipamiento básico obsoleto y adquisiciones relevantes, como fusiles de origen israelí; además de la compra de aviones F-16 y de las aeronaves P-3 Orion a Noruega, y vehículos Stryker provenientes de Estados Unidos.
En paralelo, dentro de su agenda de soberanía sobre las Islas Malvinas, Milei anunció avances vinculados a la defensa nacional, incluyendo la planificación de una base naval integrada. Este componente forma parte de la estrategia general de fortalecimiento de capacidades, coordinada con el proceso de acercamiento a la OTAN y la modernización de las fuerzas argentinas.