Aun con una cosecha abundante y un flujo exportador histórico, el desempeño de la economía podría ser menor al 2% este año y 2026 todavía no alcanza lo esperado. Tras los datos de industria y construcción correspondientes a julio, las casas de análisis ajustaron a la baja sus proyecciones: el crecimiento para 2026 quedaría por debajo del 2%.

La revisión viene tras una caída reciente en julio de la actividad industrial y de la construcción de alrededor del 5%, lo que endurece la visión de un año con dinamismo débil en los sectores que tienen peso en el PIB. En paralelo, el FMI había estimado previamente un crecimiento cercano al 3,5% para 2026, pero las últimas mediciones erosionaron ese horizonte y, en el Remit de Mercado publicado por el Banco Central, ya se había recortado el PIB al 2,1% antes del descenso de julio. La lectura general es que, pese a ciertas áreas con desempeño destacado, el resto de la economía no alcanza todavía un piso claro y la trayectoria muestra diferencias marcadas entre rubros.

En el cuadro de sectores, energías, agroindustria y, en menor medida, minería impulsan la economía; por el contrario, otros sectores que pesan más en el PIB muestran caídas relevantes. El recorte “en forma de K” se consolidó: hay sectores con crecimiento fuerte y otros que continúan sin sostenerse, lo que dificulta una recuperación general en el corto plazo.

En lo fiscal y monetario, el Gobierno insistió en no apostar a un nuevo “Plan Platita”. El Tesoro renovó el 103% de los vencimientos de deuda, evitando una inyección adicional de pesos. Lo hizo mediante colocaciones en pesos a corto plazo y bonos ajustables por tipo de cambio. La señal oficial es clara: no se busca ampliar gasto público ni ampliar la base monetaria para estimular el consumo.

La remonetización continúa demorada. Por un lado, se renuevan vencimientos de deuda; por otro, las compras de dólares con emisión de pesos caen a su nivel anual más bajo, y, a la vez, el Central mantiene encajes altos sobre depósitos, reduciendo la capacidad prestable de los bancos. En este escenario, la prioridad oficial aparece como preservar la estabilidad financiera, con la duda sobre si la vía diluye o no la demanda interna a corto plazo.

Federico Poli, execonomista jefe de la UIA y actual director de Sistémica, resumió la tónica señalando que el tipo de cambio está atrasado frente a la realidad económica, resultado de una política monetaria que se percibe como demasiado restrictiva. Con esa dinámica, varios trazos de la economía siguen pendientes de un giro estructural para sostener un crecimiento más sólido sin perder la estabilidad.