El mandatario argentino reforzó en público su defensa de la estrategia macroeconómica vigente, insistiendo en que los fundamentos del programa no serán modificados. Durante una intervención en el Foro Madrid, en Santiago de Chile, afirmó que el modelo está funcionando y que no cederá terreno en las políticas implementadas, subrayando que las ideas de libertad pueden impulsar el crecimiento si se sostienen en el tiempo y con la organización necesaria.

La postura oficial no quedó solo en actos formales. En lo que fue una de las reuniones más previsibles de la semana, el lunes pasado el jefe de Gabinete convocó por tercera semana consecutiva a la cúpula del gobierno en el Salón Eva Perón de la Casa Rosada. El encuentro, de poco más de dos horas, giró principalmente en torno a la economía y a las medidas sobre Malvinas anunciadas la semana anterior, que dominaban la agenda.

Entre los asistentes, Patricia Bullrich, líder del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, habría tomado la palabra para expresar preocupación por la evolución de ciertos indicadores y por la percepción pública de la economía. Aunque valoró el trabajo realizado en torno a Malvinas, dejó claro que era necesario prestar más atención a lo que se ve en el terreno económico y cómo esa realidad es interpretada por la población. Sus observaciones fueron breves, pero contundentes, y el presidente no mostró enojo ante la disidencia, según relataron presentes.

Bullrich no sería la única voz crítica dentro de la esfera de mando. Otras figuras de la Casa Rosada también habrían compartido reservas, aunque por el momento no se atreven a hacerlo público. En paralelo, Infobae pudo corroborar que al menos dos ministerios mantienen inquietudes sobre la orientación de algunas variables macroeconómicas, aunque no consideran que ello alcance para prever una derrota electoral.

En ese marco, la conversación interna se centró en la necesidad de equilibrar la coherencia del plan con la percepción de los ciudadanos, sin desviar la estrategia central. Aun con las señales de preocupación en distintos despachos, la lectura general es que muchas de esas dudas aún no se traducen en una ruptura de apoyo suficiente como para anticipar un desenlace adverso para el Gobierno.