Bill Gates instó a las grandes empresas tecnológicas y a los líderes mundiales a actuar con rapidez para que la inteligencia artificial contribuya a reducir, y no a agravar, las desigualdades. En ese marco, la fundación que lleva su nombre anunció una donación de 1.000 millones de dólares que se distribuirá durante los próximos dos años, orientada a ampliar el acceso a la IA en naciones en desarrollo.

El desembolso fue comunicado en el marco del informe anual Goalkeepers de la Fundación Gates, que monitorea el avance de las metas de desarrollo establecidas por Naciones Unidas para 2030. Los fondos se destinarán a iniciativas que buscan entrenar modelos de IA en idiomas locales, mejorar resultados en salud, actualizar herramientas educativas y apoyar a pequeños agricultores para que aprovechen mejor las prácticas agrícolas.

Gates ya había dejado clara su preocupación en la publicación de su sitio web el mes anterior: para él, la IA puede ser “el mayor igualador” o “la peor fuente de injusticia”. Advirtió que la tecnología podría facilitar fraude, desinformación, vigilancia, ciberataques y bioterrorismo. “¿Cómo utilizaremos esta tecnología para hacer del mundo un lugar más justo y evitar que se amplíe la brecha entre ricos y pobres?”, se preguntó, y añadió dudas sobre la protección de las personas más vulnerables ante daños asociados a la IA.

La Fundación Gates figura entre las mayores financiadoras de salud a nivel global y mantiene la IA como prioridad en su presupuesto, marcado por un año récord. En su blog, Gates subrayó que todo el trabajo de la fundación buscará aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece la IA.

Mark Suzman, director ejecutivo de la entidad, afirmó que la IA podría convertirse en una herramienta transformadora en un mundo que atraviesa una crisis global de magnitud variable. En el informe anterior, la fundación había previsto que 2025 sería el primer año de este siglo con un aumento de la mortalidad infantil.

El informe también señala que la reducción de la ayuda internacional por parte de Estados Unidos ha impactado programas globales de salud, incluido el combate al sida, dificultando esfuerzos para prevenir y tratar la enfermedad en decenas de países y ensanchando la brecha entre naciones ricas y pobres, según la ONU. A pesar de estos recortes, Suzman sostuvo que seguirá presionando al Congreso y a la administración estadounidense para que lideren la cooperación exterior, asegurando que “no han perdido la esperanza” en Estados Unidos, pese a las dificultades recientes.