En abril de 2024, tras asumir la presidencia, el presidente Javier Milei ordenó reiniciar el camino para que Argentina ingrese como socio global de la OTAN, marcando una nueva etapa en su postura frente a las alianzas militares. La última tentativa de este tipo data de 1999, cuando durante el final de la gestión de Carlos Menem la Casa Rosada solicitó la membresía plena, pero fue rechazada.
La OTAN, cuya carta fundacional señala que la adhesión está reservada a Estados europeos, ha dejado por fuera a Estados de otros continentes, lo que empujó a Argentina, hace ya dos años, a buscar ese estatus alternativo y permitido: ser “socio global”. Actualmente, ese formato es ostentado en la región únicamente por Colombia.
La alianza militar busca la defensa colectiva de sus socios y, con origen en 1949 por un grupo de 12 países, hoy agrupa a 31 naciones que concentran una parte sustancial del gasto militar global. El concepto clave es que un ataque contra cualquier miembro en Europa o Norteamérica equivale a un ataque contra todos, lo que explica la cautela al abrirse a nuevos candidatos. En ese marco, las conversaciones sobre la posible adhesión de Ucrania jugaron un papel destacado en la dinámica de seguridad regional.
En 2024, el entonces ministro de Defensa, Luis Petri, se reunió en Bruselas con Mircea Geoana, secretario general adjunto de la OTAN, y le entregó la carta de intención para iniciar oficialmente el proceso de incorporación de la Argentina. A partir de ese momento, el Gobierno avanzó en la modernización de las Fuerzas Armadas, renovando equipamiento básico que había quedado obsoleto y realizando adquisiciones significativas: fusiles de alto rendimiento de origen israelí, la compra de aviones F-16 y de buques P-3 Orion a Noruega, y la adquisición de vehículos blindados Stryker desde Estados Unidos. Se anticipa, además, un incremento de los recursos destinados a Defensa para sostener dicho proceso de fortalecimiento.
En el plano político-militar, Milei, dentro de su plan para reforzar la soberanía sobre las Islas Malvinas, anunció la creación de una base naval integrada como parte de ese eje estratégico. La iniciativa forma parte de un conjunto de medidas orientadas a ampliar la capacidad defensiva del país y a consolidar su posición en el marco de la seguridad regional.