En una sesión informativa de la Comisión de Deportes, representantes de clubes de barrio y otras entidades deportivas mostraron las dificultades derivadas del ajuste en la asignación de partidas y su impacto en la asistencia a estas instituciones.
Hartfield, vicepresidente segundo de la comisión, tomó la palabra para un breve pronunciamiento y luego se retiró, lo que provocó un clima tenso entre los presentes. El legislador de Misiones explicó en primera persona que conoce bien lo que implica gestionar un club, al venir del mundo del deporte y comprender el esfuerzo de quienes practican deporte, amateur o profesionalmente.
A continuación, justificó la medida de reducir el apoyo estatal argumentando que la política de “ordenar las cuentas públicas” responde a un desajuste heredado por el país en 2023, que conlleva costos. Señaló que aunque se entienden las dificultades actuales, depender de subsidios puede acarrear costos, como pagar la energía a una tarifa con subsidio, en lugar de su valor real.
Hartfield insistió en que se está “cambiando el rumbo” del país mediante ajustes fiscales, buscando estabilidad y crecimiento económico para atender las necesidades de la gente. Tras los reproches en la sala, se retiró del salón sin responder a las preguntas y se dirigió a otra comisión.
El cruce también tuvo un componente personal. Jorge Araujo Hernández, diputado de Tierra del Fuego por Unión por la Patria (UP), recordó que Hartfield recibió una beca estatal durante su adolescencia para entrenarse como tenista y que vivió dos años en el Cenard. Según Araujo Hernández, el ex tenista “fue becado por el Cenard a los dieciséis años, en 1995” y, con esa ayuda, obtuvo un lapso de formación financiado por el Estado, lo que contrasta con su postura actual.
Antes de esa intervención, la diputada Natalia Zaracho, de Patria Grande (UP), pidió disculpas por el comentario del legislador de La Libertad Avanza (LLA) y subrayó que la variable de ajuste de este modelo recaería sobre los jóvenes que asisten a los clubes. Zaracho afirmó que quienes reciben el apoyo del Estado a menudo no partían desde un lugar de privilegio y que muchos pibes enfrentan dificultades reales, como no poder pagar una entrada o usar zapatillas, o incluso quedarse sin comer cuando no les llega la contención necesaria. Su tono fue contundente y reflejó la indignación ante una narrativa que, para ella, minimiza la realidad de quienes sostienen a los clubes barriales.