El pulso del consumo masivo argentino atraviesa un periodo complejo y ya es tema de debate político: ¿sube, baja o qué grado de gasto analizar? En medio de estas discusiones, que suelen encenderse con vehemencia, aparece también otro factor de preocupación, la mora bancaria, desarrollado como otro componente que salta de las planillas a los atriles.
Si se verifica con detalle lo que sucede con el consumo masivo este año, se observa inicialmente una caída, seguida de una meseta cercana a cero y con un horizonte similar para lo que resta de 2026; el terreno se mantiene sombrío para 2027. Con la demanda estabilizada en niveles bajos, las familias ajustan sus compras según el desembolso inmediato y la disponibilidad de efectivo, más que por convicción de alza en el consumo cotidiano.
Desde el Ejecutivo, encabezado por el presidente Javier Milei, se habla de un consumo “que vuela” cuando se menciona el consumo privado en las cuentas nacionales. Esa dimensión macroagregada abarca todo el gasto de un hogar, desde servicios básicos como energía y alquiler hasta ropa y ocio. En los datos del primer trimestre, el consumo privado registró un incremento interanual de 2,7%, y, al descontar la estacionalidad, mostró 0,8% en los tres meses previos. Sin embargo, el consumo masivo, el que se observa en góndolas y carritos, no refleja todavía ese impulso.
El economista Antonio Aracre, cercano al Gobierno, admite que la “batalla cultural” sobre el crecimiento aún no está ganada y subraya que las cuentas nacionales son inequívocas respecto del crecimiento. En su análisis, compara la experiencia europea: mientras otros hogares pueden elegir entre gastar más en ropa o consumir energía, en Argentina persiste la percepción de que los costos de servicios como tarifas son impuestos disfrazados de gasto, lo que dificulta ver el gasto en servicios básicos como parte del consumo.
Por su lado, Arthur de Oliveira, CEO de NielsenIQ para el Cono Sur, sintetiza la situación local del consumo masivo como una estabilidad cercana a 0% interanual en lo que va del año. En su diálogo con Infobae, señala que, a pesar de una mejora macro, esa mejora no se ha traducido en una recuperación equivalente del consumo cotidiano: el consumidor continúa muy atento al desembolso, al valor y a la conveniencia.
La consultora NielsenIQ mide, además, a partir de indicadores de consumo masivo, que la lógica de gasto doméstico se ajusta a precios y ofertas, con una demanda que, si bien se mantiene, no despega significativamente. En este contexto, el equilibrio entre lectura macro y realidad de la góndola sigue pendiendo de factores como inflación, tarifas y poder adquisitivo, en un año electoral que añade incertidumbre al panorama.