El presidente Javier Milei tiene en carpeta una visita a Londres, con fecha tentativa el 22 de octubre. Su hermana, encargada de coordinar la agenda, ya lo registra. En la ciudad británica se baraja una charla en la Universidad de Oxford y una reunión con empresarios locales. Queda por verse si, tras el giro en torno a la cuestión de Malvinas, el mandatario mantiene esa gira y si accede a un encuentro en Downing Street con el primer ministro, Andy Burnham. Sería inusual que visite la capital británica y no plantee el reclamo de soberanía sobre las islas.
Hace 28 años que un presidente argentino no viaja a Londres; el último fue Carlos Menem en 1998. En un principio, la visita se pensó con foco económico y cultural. Hasta la semana pasada, el sentir vinculado a Malvinas no formaba parte de la agenda de la coalición libertaria.
El anuncio sobre Malvinas permitió a Milei tomar la iniciativa en la conversación pública por algunas horas: una consultora detectó que, tras el pico de menciones en redes el viernes, las conversaciones sobre el tema cayeron un 78% el lunes. Más allá de la métrica, lo clave fue que el Gobierno recuperó la capacidad de conducir la narrativa y dejó atrás el modo meramente reactivo que venía de arrastre. Estar a la defensiva choca de frente con el corazón del proyecto libertario, basado en la disrupción.
A mediano plazo, el efecto de la nueva “causa sagrada” libertaria es incierto. La Casa Rosada intenta sostener el tema con gestos graduales: sanciones a las empresas involucradas en Sea Lion, el envío de un proyecto de ley al Congreso y el viaje del canciller Pablo Quirno y Carlos Presti a Ushuaia para presentar la base naval. Pero todos saben que, al final, la salud de la economía terminará definiendo el futuro del Gobierno. Un integrante de la mesa política deslizó que, si bien el tema es atractivo, la elección podría ganarse con la economía.
En julio, la industria cayó un 5% y la construcción un 4,6%, según Indec, en una fuerte contracción interanual que se suma a la destrucción del empleo formal, el deterioro de ingresos y la caída del consumo. La actividad económica no muestra señales de repunte y ya se cuestiona el pronóstico de Caputo en abril, cuando habló de “los mejores 18 meses” por venir. Doce de las 16 ramas fabriles estuvieron en rojo, y el Presidente no mencionó el dato del Indec en la red social X. Siguió compartiendo mensajes de autocomplacencia con consignas como “masterclass”, “fenómeno barrial” o “MAGA”. Incluso difundió imágenes de shoppings repletos aportadas por el equipo de comunicación del cineasta Santiago Oria. Entre sus publicaciones recientes, difundió material de centros comerciales que, según la fuente, refieren a la experiencia reciente en el consumo.